El rey Harald V de Noruega, el monarca más longevo de Europa y una de las figuras más queridas de la realeza continental, falleció este viernes 28 de agosto de 2026 a las 6:35 de la mañana, hora local, en el Hospital Real de Oslo, según confirmó la Casa Real noruega. Tenía 89 años y había ocupado el trono durante 35 años, desde 1991, convirtiéndose en el jefe de Estado europeo con más tiempo en funciones al momento de su muerte.
De acuerdo con el comunicado oficial de la Casa Real, Harald V «falleció en paz», rodeado de su familia. El monarca había sido hospitalizado el pasado 17 de agosto por un cuadro de anemia que, según explicaron los servicios médicos del palacio, se complicó durante el fin de semana al derivar en una infección sanguínea. Para el jueves, su estado de salud era descrito como «muy grave», lo que llevó a la Casa Real a emitir actualizaciones periódicas sobre su condición en los días previos a su muerte.
Durante sus más de tres décadas en el trono, Harald V se ganó una popularidad excepcional entre los noruegos, con índices de aprobación que se mantuvieron sistemáticamente por encima del 70%, una cifra inusualmente alta para un jefe de Estado en cualquier país. Su reinado estuvo marcado por un estilo cercano y poco protocolar, que incluyó momentos ampliamente recordados por la ciudadanía noruega, como su participación personal en actividades deportivas y culturales, y una relación directa con la población que contribuyó a consolidar el respaldo a la monarquía en un país donde, a diferencia de otras naciones europeas, el debate republicano nunca logró instalarse con fuerza.
En sus últimos días de vida, miles de personas se congregaron espontáneamente frente al Palacio Real en Oslo para dejar flores y mensajes de cariño, en una manifestación pública de afecto que reflejó el vínculo emocional construido entre el monarca y sus súbditos a lo largo de las décadas. Las campanas de las iglesias de todo el país sonaron tras confirmarse su fallecimiento, y las Fuerzas Armadas noruegas realizaron salvas de honor en su memoria.
Con la muerte de Harald V, su hijo menor, el príncipe heredero Haakon, de 53 años, se convirtió automáticamente en el nuevo monarca, conforme a las reglas de sucesión de la Constitución noruega. Durante una reunión extraordinaria del Consejo de Estado convocada horas después del fallecimiento, el nuevo rey adoptó el nombre de reinado Haakon VIII y el lema «Alt for Norge» («Todo por Noruega»), la misma consigna utilizada por su padre, su abuelo y su bisabuelo en sus respectivos reinados, en un gesto de continuidad dinástica que la Casa Real noruega ha mantenido desde la restauración de la monarquía en 1905.
Con la ascensión de Haakon VIII, su esposa, la princesa Mette-Marit, se convierte en reina consorte, mientras que la hija mayor de la pareja, la princesa Ingrid Alexandra, de 22 años, pasa a ocupar el lugar de princesa heredera y primera en la línea de sucesión al trono noruego, marcando el inicio de una nueva generación en la monarquía escandinava.
El Gobierno de Noruega declaró un período de duelo nacional tras el anuncio del fallecimiento, con las banderas ondeando a media asta en edificios públicos de todo el país. Las condolencias no tardaron en llegar desde las demás casas reales de Europa: los reyes Felipe VI y Letizia de España, el rey Federico X y la reina Mary de Dinamarca, y el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia enviaron mensajes oficiales de pésame, en una muestra de la estrecha relación que Harald V mantuvo con el resto de las monarquías del continente a lo largo de su reinado.
Las autoridades noruegas confirmaron que se están organizando los preparativos para un funeral de Estado, cuyo protocolo y fecha exacta serán anunciados en los próximos días. Según trascendió, el cuerpo de Harald V será depositado en la cripta real de la Fortaleza de Akershus, en Oslo, el mismo lugar de descanso final de otros miembros de la familia real noruega, incluyendo a su padre, el rey Olav V.
La muerte de Harald V cierra un capítulo significativo en la historia reciente de la monarquía europea. Nacido en 1937, vivió en el exilio en Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, cuando su familia debió huir de Noruega tras la invasión nazi, una experiencia que marcó profundamente su relación posterior con el país y que, según biógrafos, explica en parte el vínculo cercano que cultivó con la ciudadanía a lo largo de su reinado. Su legado, coinciden analistas de la realeza europea, estará asociado a la modernización de la monarquía noruega y a su capacidad de mantener la institución relevante y popular en una sociedad escandinava caracterizada por su fuerte tradición igualitaria.


